¿Cómo un desenlace negativo puede tornarse positivo?
Para satisfacer su necesidad mientras avanza en busca de su deseo primordial el protagonista debe confrontar fuerzas antagónicas de índole interno, conflictos sociales, conflictos personales y/o las fuerzas físicas del mundo exterior. Así mismo estas fuerzas y/o conflictos deben progresar hasta el máximo potencial que la narración permita para que propulsen al protagonista a alcanzar sus limites internos potenciales.
Y ¿de qué forma se logra propulsar al protagonista a su limite?
Siguiendo el principio de la negación de la negación. Es decir, confrontar la negación de la negación, como la planteó Engels en su Dialéctica. Y esta es un movimiento de desarrollo en espiral que repite etapas ya recorridas de la situación inicial, pero las repite de otro modo, en una nueva situación que no niega la precursora, pero que es ya una nueva en si misma.
Dicho de otra forma, plantea que la negación anterior de los opuestos resulta a su vez negada y se obtiene así una nueva situación a un nuevo nivel. Es la ley de desarrollo o evolución en que la nueva situación repite algunos aspectos anteriores.
Algunos ejemplos, en este orden: Eg. Amor (positivo), Indiferencia (Contrario), Odio (Contradictorio), Odio a si mismo (Neg de la Neg). Los número uno pertenecen a la secuencia del uno, y asi sucesivamente.
Positivos: 1. Amor, 2. La verdad, 3. Lealtad...
Contrarios: 1. Indiferencia, 2. Media verdad o medias mentiras, 3. Doble o falso...
Contradictorios: 1. Odio, 2. Mentiras, 3. Traición...
Negación de la negación: 1. Odio a si mismo, 2. Desilusión, auto decepción, 3. Traición disfrazada de lealtad...
Vemos de esta manera como de un estado inicial, se evoluciona conservando parte del aspecto anterior pero en un nuevo nivel. Y así sucesivamente en espiral hasta alcanzar la negación de la negación, a la que nuestro protagonista se tiene que enfrentar. En el proceso cambia paulatinamente hasta convertirse en otro.
En un ejemplo, Dante, en la Divina Comedia, desciende precedido por Virgilio por los nueve círculos del infierno, conforme avanza los tormentos que sufren los que ahí se encuentra son cada vez peores. En un in crescendo que desemboca en la negación de la negación de la narración, de la historia. De la misma forma Odiseo o Ulises en su periplo de regreso a Ítaka.
En otro ejemplo, basado en una película, el protagonista se enfrenta al dilema de la lealtad. Cualquiera de dos decisiones que tome tiene sus consecuencias adversas. Trata de elegir el mal menor. Y en el proceso se enfrenta con un personaje antagónico que actúa con dobles intenciones. Como supuesto amigo, colega, y como su adversario. Este último, aunque también le ayuda, busca primeramente su beneficio propio de manera egoísta. Y es este egoismo lo que le lleva a traicionarle cuando llega el momento de decidir entre él y su supuesto amigo. Cuando el protagonista está a punto de descrubir su traición, el antagonista la disfraza de lealtad, de verdadera amistad, e incrimina a otro personaje y verdadero amigo del protagonista.
De esta forma la narración asciende en espiral del mundo en equilibrio que presenta la lealtad, a la doblez o falsedad, enseguida la traición, para finalmente culminar con la negación de la negación de la lealtad, que sería la traición disfrazada de lealtad.
El camino del mundo ordinario en equilibrio a la negación de la negación es propio a cada historia en si misma, al mundo en el que se desarrolla su narración, y suelen estar representados de manera simbólica. Sin embargo, la tensión, el peligro, el mayor mal va en aumento hasta culminar en el clímax.
En una narración se puede resultar vencedor perdiendo. Salir de cierta manera victorioso o beneficiado aunque se haya perdido. Y esto se logra cuando el personaje pierde o no consigue lo que quiere, pero logra o consigue la que necesita. O de otra manera, obtiene lo que necesita pero a su vez esto conlleva a que pierda lo que quería.
Lo peor que le puede ocurrir a un personaje es que no consiga vivir en la narración. Que consiga lo que quiera sin esfuerzo. Que las fuerzas antagónicas sean débiles, fáciles, que no avancen o desarrollen dificultades mayores. O que busque alcanzar lo imposible, que busque lo que no podrá conseguir, y al final terminar destruido en esta búsqueda o acabe donde comenzó: siendo el mismo, sin cambio, un don nadie, plano y vano. De esta manera la narración se tornaría sosa, plana, aburrida.
Los limites de la experiencia de los seres humanos, así como en los personajes, no están en el cielo, sino en el infierno. Las recompensas celestiales deben buscarse en el infierno. O pasando a través de él no claudicando o pereciendo en el camino. Así como Hércules, Ulises o tantos otros héroes clásicos y contemporáneos.
“La felicidad no es el limite de la experiencia humana. La felicidad es un estado de ánimo que ignora la realidad.” — Robert McKee.
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