Todo lo que escribimos tiene como referencia nuestra realidad. Lo que sabemos, lo que conocemos, nuestras experiencias, ya sean del día a día o incluso del mundo de nuestros sueños. Aunque escribamos ciencia ficción o nuestra historia sea producto de nuestra imaginación tiene una referencia o asociación con el mundo que conocemos.
Entonces, cuando escribimos de determinado personaje, lo más recomendable es preguntarnos: ¿si yo fuera este personaje bajo las mismas circunstancias, que haría en su lugar? Y de ahí partir para mimetizar nuestro personaje en la narración que estamos creando.
¿Tiene nuestro protagonista una necesidad o un deseo? Y esta pregunta nos lleva a determinar si nuestra narración esta siendo impulsada por los acontecimientos, la trama o por los personajes.
También es importante que cuando desarrollemos nuestro personaje al lector le provoque empatía. Y empatía, no simpatía, que solemos confundirlas. Podemos sentir empatía incluso por personajes que despreciamos, y no simpatía. La empatía nos pone en los zapatos, sentimientos y pensamientos de otro. Simpatía sentimos por quienes comparten nuestras opiniones, creencias y gustos. Con quienes congeniamos por tener disposiciones afines de carácter.
De cómo crear empatía y no simpatía lo veremos sobre la marcha. Pero sobre todo debe ser un personaje verosímil con contradicciones. Ni todo maldad, ni todo bondad. Debe ser un personaje redondo, con dimensiones, y estas se consiguen con las contradicciones propias a todo ser humano.
Las tramas que son impulsadas por los personajes son las siguientes: la trama de maduración, la de degeneración, que es lo inverso a la de maduración, la de redención, de desilusión y la trama educativa. Por supuesto que las más de las veces estas tramas no las encontramos en estado puro, sino como una fusión de géneros y subgéneros.
Sus mismos nombres nos dan una idea clara de éstas. En el de maduración por lo general un niño o adolescente, aunque también pueden ser adultos, logran madurar algo especifico de su personalidad. Lo contrario ocurre en el de degeneración. El de redención y desilusión son también bastante obvios.
En la trama educativa el personaje suele ir superando obstáculos en su periplo, y a la par aprendiendo de ello. Más un aprendizaje que lo completará como ser humano dentro de la narración. La trama educativa es común que ocurra con la de maduración.
Ahora, para construir un personaje en base a un deseo central debemos preguntarnos lo siguiente: ¿Qué es lo que más desea nuestro personaje, que es lo que realmente quiere? Que sería como preguntarnos a nosotros ¿qué es lo que más deseamos en esta vida? E ir de los deseos o preguntas de mayor relevancia a las de menor. Sin embargo, un puñado de deseos menores no equivalen al deseo primordial. Debemos encontrar y esclarecer qué es lo que más desea nuestro personaje en su vida dentro de nuestra narración.
Recuerda, ¿cuál es el mayor deseo en tu vida? Y de manera similar ¿cuál es el mayor deseo de tu personaje en la suya, qué es lo que realmente quiere?
Puesto de otra forma, nuestra historia comienza con la vida de nuestro personaje en equilibrio, su mundo ordinario estable, cuando en determinado momento cierto incidente al que llamaremos incidente desencadenante le hace perder este balance radicalmente. Si esto ocurriera, ¿qué es lo que querrá nuestro personaje para restaurar ese equilibrio perdido? La respuesta a esta pregunta es el objeto de deseo de nuestro personaje. Cuál será el desenlace provocado por esta puesta en desequilibrio será también clave en el desarrollo del suspenso y del desarrollo del clímax.
Pero tiene que ser Un Solo Deseo Primordial. Otra manera de saber cuál es este deseo si tenemos complicaciones para encontrarlo es preguntándonos lo siguiente: qué deseo de nuestro personaje en nuestra historia, si fuera satisfecho, daría por terminada la trama, y por ende, nuestra narración. Si el deseo que encontramos no hace que termine nuestra historia no es el deseo primordial de nuestro personaje.
Un personaje complejo tendrá Un Deseo Primordial, un deseo subconsciente opuesto o contradicción y una necesidad.
El deseo consciente es algo exterior a nuestro personaje que el piensa o cree que desea.
El deseo subconsciente es aquello en el interior de nuestro personaje que el no sabe que quiere o desea.
Y para construir un personaje complejo conforme a una necesidad debemos determinar, además de lo que el personaje desea, lo que el personaje necesita. Donde necesidad sería la carencia de algo que en caso de conseguirla le complete como ser humano.
La narración impulsada por el protagonista es aquella en la que nuestro personaje tiene una carencia en su interior, una necesidad inconsciente que de ser satisfecha completaría a nuestro protagonista como ser humano, y que un ser humano normal, por el contrario, lo tiene, no carece de ello.
Es así como en la narración de este tipo algo acontece que le provea de la posibilidad de tener o alcanzar aquello de lo que carece. Esta necesidad es como una agujero en el alma o en el corazón de nuestro protagonista. Un vacío en nuestro personaje que de tenerlo le proveería de una vida estable y con equilibrio.
Esta necesidad puede ser, por ejemplo, que nuestro personaje se enamore, pero que paulatina e inevitablemente lleve sus relaciones amorosas a menos hasta destruirlas por determinados rasgos en su carácter. Nuestro personaje no lo sabe o no se da cuenta, pero algo en la narración le hará darse cuenta, generalmente no de una manera grata, y el producto de ese cambio lo completará.
De otra manera, la narración impulsada por el personaje busca satisfacer esta carencia implantada en el protagonista al principio de la historia. Busca proveerle de lo que carece llevando al personaje hasta los limites potenciales de su humanidad. Aún cuando esto signifique que nuestro protagonista tenga que sufrir o terminar en tragedia para completarse como ser humano.
Por último, cuando una necesidad de este tipo pasa a ser consciente, es decir, que nuestro personaje pasa de ser inconsciente a conocer esta necesidad, esta se convierte en deseo. Algo que quiere.
Una narración impulsada por los acontecimientos es aquella en la que el protagonista tiene un deseo, un deseo exterior.
Algunos ejemplos de narraciones impulsadas por los acontecimientos son cuando el protagonista busca lo que el mundo necesita, como paz, justicia, etc.
En las narraciones impulsadas por los personajes el protagonista valora aquello de lo que carece, como amor, madurez, esperanza, etc.
El desarrollo de todas las narraciones viene a estar determinado por como actúan o reaccionan nuestros personajes ante lo que acontece. Sus decisiones, lo que eligen.
Si como escritores cambiamos los acontecimientos, debemos cambiar los personajes. Si cambiamos los personajes, debemos cambiar los acontecimientos para adecuarlos a estos. Acontecimientos y personajes son dos lados de una misma moneda.
La diferencia principal entre las narraciones impulsadas por el personaje o por los acontecimientos se determina conociendo la fuente principal de causalidad de la historia: ¿qué o quién es el responsable de causar los principales puntos de giro de la historia?
Para terminar, ambos tipos de narración, de acontecimiento o personaje, pueden estar mezcladas en una misma historia, aunque usualmente una tendrá más peso que la otra.
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